Narcissus. Una exploración psicológica del mito. / by Beatriz Glez Sa

"El pasado de todas las formas y estilos de vida, de las culturas que anteriormente se encontraban una encima de la otra, fluye ahora hacia las "almas modernas"; nuestros impulsos nos conducen de vuelta a todos los lugares; nosotros mismos somos una especie de caos". Más allá del bien y del mal_ Nietzsche.

“Conviértete en lo que eres aprendiendo quien eres” Píndaro.

 

Este proyecto representa, a través del mito clásico de Narciso, la lucha del individuo hacia el conocimiento fundamental de su existencia, la base y el motor psíquico vital y los peligros de la búsqueda esencial.

El proyecto ha sido creado con el objetivo de permitir tres lecturas diferentes.

1. El mito de Narciso como metáfora de la búsqueda del conocimiento individual interno.

2. El narcisismo como base psicológica humana.

3. La patología del trastorno narcisista y el sufrimiento interno.

El mito clásico de Narciso representado en las artes tradicionales, muestra al personaje desde una perspectiva externa, que mantiene distancia con el espectador. 

Narciso es una metáfora de ciertos aspectos compartidos de la experiencia humana.

La intención del presente proyecto es mostrar dichas similitudes compartidas, para esto, el nuevo Narciso comienza su viaje desde la representación tradicional hacia una inmersión psicológica en las diferentes fases de lucha, sufrimiento y posible auto-transformación personal, deducibles del mito clásico y de las diferentes teorías psicológicas contemporáneas. 

Un compendio de ideas combinadas con varias posibles exégesis.

La tradición y la experimentación de las culturas pasadas, aún continúan viviendo en nosotros, según afirmaba Nietzsche y así el pasado colectivo, como capas formadoras de la psique individual, erige el nuevo reflejo humano. 

Las imágenes submarinas representan un proceso psicológico interno tripartito con sus diferentes lecturas que establecen un diálogo entre el conocimiento tradicional y las teorías científicas modernas. 

Hay en este trabajo, una vez más, un interés general en la tradición cultural, que continúa evocando y guiando nuevos conocimientos e interpretaciones importantes de nuestras luchas y realidades contemporáneas.

 

Tres lecturas:

1. El mito de narciso como metáfora de la búsqueda del conocimiento individual interno.

El poeta romano Ovidio, recoge en  su “Metamorphoses“ la historia de “Eco y Narciso”.  Tiresias predice una larga vida a Narciso si nunca consigue “conocerse a si mismo” (“si se nonverit”) *(1).

La ambigüedad del uso del concepto de “conocerse a si mismo” y/o el “amor a uno mismo” se confunde con la importancia del conocimiento verdadero interno (“gnóthi sautón”), y al presentarse así en el relato, el equívoco se torna persistente en nuestra historia cultural.

 “Narcissus and Goldmund” de Herman Hesse, trata del diálogo entre el artista y el pensador que se asemeja al encuentro entre lo Apolinio y Dionisiaco de Nietzsche. 

Narciso da forma a lo informe mediante la creación artística, Goldmund busca su destino. Hess, trata una vez más, como en “Demian” el arduo periplo hacia el autoconocimiento.

2. El narcissimo como base psicológica humana.

En 1909 Freud sitúa al narcisismo como estadio intermedio entre el autoerotismo y el amor de objeto. En 1914 en su “introducción al narcisismo” lo postula como una instancia psíquica esencial de todo ser humano, normativa, pero que, si embargo, también se hace visible en las graves patologías.

La fase narcisista es una base fundamental en la construcción individual, no obstante, hay que salir de ese estadio primario hacia una maduración individual, y aunque la disolución parcial es necesaria, la completa desaparición del “yo” es problemática. 

Lacan establece en su “estadio del espejo”, la fase primaria cuando el bebé reconoce su imagen en el espejo, que es cuando la formación del “yo” se inicia. Esta formación es dependiente por tanto, del reflejo externo que formará el “yo” interno. La división entre lo íntimo y lo externo no es clara y lo “éxtimo” monopolizará la formación psíquica y la última estructura permanente de la subjetividad.

El orden imaginario desempeña una capacidad formadora, y por tanto la creatividad y el arte tienen una validez ortopédica, que forma lo informe hacia la transformación personal.

3. La patología del trastorno narcisista y el sufrimiento interno.

Del mito de Narciso se derivan muchos usos intelectuales, entre ellos, la denominación de “narcisismo” a un trastorno psicológico descrito por la psicología occidental.

La fragilidad del “Yo” narcisista se debe a esa imagen especular proyectada y construida con ilusión de totalidad, que  se confunde en un reflejo satisfactorio que limita la relación íntima y social.

Esa confusa fragilidad condena al individuo a una vida en la que el verdadero encuentro y reconocimiento con el otro, es tan sólo, una ilusión quimérica. 

Si no hay reconocimiento del otro, sólo hay dos tipos de relaciones posibles, estas son: la dominación o la subyugación. La imposibilidad de esa creación de vínculos afectivos es percibida inconscientemente por el narcisista, creando un ingente sufrimiento.

La vida interna se convierte en una perpetua lucha entre un estado defensivo y una lucha para liberarse, su espacio interior se va limitando paulatinamente.

El drama del narcisista subyace en la constante lucha por liberarse de los límites auto-impuestos, la incapacidad de conectar con otros y el perpetuo estado defensivo que dibuja una realidad externa en estos dolorosos términos internos. Es, en realidad, una lucha con un “yo” creado que proyecta al exterior lo inaceptable.

Es la falta de empatía y la exacerbada grandiosidad del narcisista lo que le impulsa, en ocasiones, a ayudar al caído, aunque quizás esto mismo pueda significar un peligro inminente para otros, el narcisista engrandece su auto-imagen. La apariencia es “Un guerrero por la justicia”, aunque la supuesta justicia sea dudosa o irresponsable, al narcisista le concierne su propia imagen.

Estos son tres caminos divergentes. Tres variantes de la lucha interna con diferentes resultados. Sin embargo, hay que recordar que en mayor o menor medida, hay un “Narciso” en cada uno de nosotros. 

Narciso, no se enamora de si mismo, sino de una imagen especular ideal. El romántico proyecta su imagen al objeto de su deseo, el narcisista revierte esa imagen sobre si mismo.

Hay, sin embargo, un deseo de unión con el espejismo, y la confusión esconde, el impulso de genuina unión con lo esencial, la verdadera búsqueda del individuo que otorga sentido a la experiencia humana única. 

En esa lucha para la distinción entre la quimera y lo esencial, entre el sueño y la realidad, entre la esclavitud y la libertad, se centra nuestra experiencia humana en constante evolución hacia la deseada consciencia plena liberadora. 

Ser consciente de nuestro Narciso interno es liberarse y ser capaz de vivir de forma consciente y responsable.

 

*(1) “Metamorphoses III” in “The Narcissus Myth in Spenser’s Poetry. (Calvin R. Edwards. (1977). The Narcissus Myth in Spenser's Poetry. Studies in Philology, 74(1), 63-88. Retrieved from http://www.jstor.org/stable/4173927

 

Source: https://beatrizglezsa.com/narcissus/